Las sociedades desarrolladas emplean una gran cantidad de recursos en el cuidado de la salud de sus poblaciones. La asistencia sanitaria no es el único,ni quizás el más importante, determinante de la salud.Antes bien, la asistencia sanitaria puede ser contemplada como un input más. La higiene, la alimentación, el acceso a agua potable, la educación, la renta y los hábitos o comportamientos personales son destacados factores que ayudan a comprender por qué la salud difiere notablemente entre países.
Con todo,varios estudios coinciden en señalar que el desarrollo de los sistemas sanitarios y las innovaciones médicas de las últimas décadas se encuentran detrás de las mejoras en la esperanza de vida de la población y de la calidad de los años ganados en los países de rentas altas.Así,el término gasto sanitario puede ser intercambiado en numerosas situaciones por el de inversión sanitaria.
El resultado que obtendríamos a cambio de los recursos asignados (o invertidos) sería una ganancia en términos de cantidad o de calidad de vida (o de ambas), así como el evitar otra serie de costes sociales relacionados con las enfermedades.De hecho, un desarrollo económico sostenible no es posible sin contar con poblaciones con buen estado de salud y, a su vez, sociedades con rentas altas pueden permitirse invertir más en mejorar su salud.Este círculo virtuoso tiene su versión negativa en aquellos países donde la mala salud de las poblaciones impide mejorar el desarrollo económico.
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