Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo. No es de extrañar que en Internet existan millones de páginas dedicadas a ellas. Al mismo tiempo la tecnología avanza y permite al cardiópata realizar un mejor autocontrol de su enfermedad. Hoy existen aparatos, que ya muchos pacientes tienen en casa, para medir la frecuencia cardíaca, tensión arterial, la glucosa, el nivel de anticoagulación, la saturación de oxígeno,etc.En un mundo ideal esto solo podría ser una buena noticia.
Sin embargo, la experiencia demuestra que una información incorrecta puede ser aún más peligrosa que la ignorancia. Recientemente el British Medical Journal publicaba un caso que me parece demostrativo. Se trataba de una británica embarazada de 38 semanas que nota una reducción en los movimientos fetales.Sin embargo, en vez de dirigirse a urgencias, utilizando un aparato comercial que, al parecer se ha popularizado en el Reino Unido, escuchó el supuesto latido cardíaco fetal, lo que la tranquilizó. La paciente solo acudió a urgencias tres días después y, para entonces, el feto estaba muerto. Aunque no he vivido casos tan dramáticos si he tenido pacientes que han abandonado el tratamiento antihipertensivo a raíz de una toma domiciliaria o por haber leído determinada noticia en la prensa o en Internet.El problema va a ir in crescendo y solo veo una solución: Educación.
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