Las caídas en el anciano son una patología muy frecuente,que suele ser infravalorada por el anciano, su familia o los profesionales sanitarios,ya que se considera un proceso normal dentro del envejecimiento.
Pero es un factor de fragilidad que puede originar lesiones que ocasionen la institucionalización e incluso la muerte.
Con el envejecimiento se producen cambios fisiológicos (disminución de la agudeza visual, equilibrio o reflejos), a los que se asocian patologías que aumentan las posibilidades de sufrir una caída:enfermedades cardiovasculares (arritmias,insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica...); enfermedades osteoarticulares o neurológicas (Parkinson,hidrodefalia,demencia).Además, hay factores externos que favorecen las caídas en casa (calzado mal ajustado,alfombras, escalones,mala iluminación) y en la calle (barreras arquitectónicas,aceras desiguales), y el riesgo puede ser agudizado por los fármacos. Las caídas producen un deterioro funcional. A nivel psicológico, generan miedo a volver a caer, lo que disminuye la actividad física,ocasionando un inmovilismo con todas sus consecuencias.
En el peor de los casos, las caídas aumentan la mortalidad. Es básico ante un anciano con caídas frecuentes acudir al médico para hacer una valoración integral, descartando patologías agudas o crónicas descompensadas,valoración de fármacos, condiciones ambientales en que se producen, ayudas técnicas para prevenirlas, adaptación de la vivienda y plan rehabilitador y de recuperación funcional, así como tratamiento del síndrome postcaída.
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