Se trata de una entidad clínica compleja de diagnosticar, un cuadro depresivo que aparece en los mayores y que cursa con trastornos cognitivos lo suficientemente importantes como para que se pueda confundir con una demencia. Suele iniciarse en semanas (incluso la familia puede concretar el tiempo) y cursa con apatía, quejas de tristeza, sufrimiento intenso, pérdida de las relaciones sociales y gran desesperanza. Además, asocia déficits cognitivos cambiantes y quejas subjetivas de memoria, con dificultades para recordar tanto hechos pasados como recientes. El paciente no se esfuerza en las pruebas neuropsicológicas: suele contestar "no sé, no puedo", con variaciones incongruentes a lo largo del tiempo (unas veces responde bien y otras no a las mismas preguntas), además de ser irregular a la hora de realizar tareas de similar complejidad (ejecuta algunas bien y otras no). Suele magnificar los déficits y tener antecedentes de depresión. En la verdadera demencia, el inicio de los déficits de memoria es insidioso, larvado, lento, afectándose sobre todo la memoria reciente, con pérdida tardía de las relaciones sociales y pocas quejas de los déficits. El paciente se esfuerza por contestar los test, aunque lo haga mal, y tiene una pérdida cognitiva progresiva que intenta disimular.
Es importante el reconocimiento del cuadro para iniciar cuanto antes el tratamiento antidepresivo, así como el seguimiento, ya que muchos pacientes presentarán una franca mejoría, pero algunos terminarán evolucionando a demencia.
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