P. ¿En qué situación está ahora mismo la farmacia?
R. Venimos sufriendo recortes desde el Real Decreto 5/2000. Si la viabilidad de las oficinas de farmacia ya estaba comprometida, es fácil imaginar que ahora es factible que algunas se vean obligadas a cerrar.
Además de bajar los precios, nos han limitado los descuentos, derivados de la propia gestión de stock de la farmacia. Han entendido que no debemos gestionar descuentos si el precio del medicamento para la Administración y el ciudadano sigue siendo el mismo. Han utilizado ese argumento, pero están minando nuestra capacidad de rentabilizar nuestros negocios y la capacidad de los distribuidores de fidelizar a las farmacias.
Es un peligro, y es importante dejar clara una idea: la distribución farmacéutica española es la mejor del mundo. Tal vez debiéramos aprender a gestionar mejor nuestro stock, aunque en zonas alejadas y pedidos pequeños una buena gestión no es suficiente. Hace falta una distribución como la que tenemos para que el ciudadano pueda tener cualquier medicamento en horas.
P. ¿Algunas farmacias lo pasarán peor que otras?
R. El Real Decreto 8/2010 impone un descuento del 7,5% en todos los medicamentos financiados que no estén en precios de referencia, es decir, casi todos. Va a afectar mucho a las farmacias de menor tamaño y a las rurales. Pero el Real Decreto 5/2000 bajaba los precios de los medicamentos de referencia y aplicaba los descuentos por tramos de facturación: cuanto más facture una farmacia, mayor descuento.
Por eso las últimas medidas también perjudicarán a las farmacias grandes, que están en un tramo de facturación alto, les afecta especialmente el 5/2000, y ahora tendrán que hacer frente a las nuevas rebajas. Ahora mismo hay 7.500 farmacias en peligro.
P. ¿Qué pueden hacer para subsistir?
R. Lamentablemente, hay que reducir costes y el mayor coste es el personal. Aunque es lo último que queremos, la suma de todas las medidas puede suponer una pérdida de 11.000 puestos de trabajo. Yo tengo seis trabajadores en nómina y no sé si voy a poder pagar todos los sueldos. La reducción de personal, al final, la paga el usuario, que tal vez no recibirá la atención farmacéutica a la que estaba acostumbrado.
P. Esa atención farmacéutica que tanto defendéis.
R. Todas las farmacias españolas cuentan al menos con un farmacéutico, que presta un servicio de atención sanitaria personalizada. No es ninguna broma. Descubrimos un montón de incompatibiliincompatibilidades que el médico no había detectado, tal vez por falta de tiempo o porque el paciente no le cuenta todo lo que toma.
La atención farmacéutica es un servicio que no se paga, que requiere tiempo y que era posible gracias a nuestros márgenes. Unos márgenes que se van estrechando cada vez más. Las distintas administraciones tendrán que plantearse que si quieren este servicio tendrán que pagarlo.
Comprendemos que el Sistema Nacional de Salud exige presupuestos elevadísimos, pero algo habrá que hacer. Por ejemplo, es necesario analizar la demanda de medicamentos. Los puntos Sigre se llenan a diario. Hay quien tira cuatro cajas de paracetamol sin abrir.
El Sistema no será sostenible si no se consigue actuar sobre cosas como esta. Necesitamos una campaña de concienciación seria. La solución no es bajar los precios una y otra vez. Por eso en Adefarma estamos trabajando para proponer otros caminos.
P. ¿Por ejemplo?
R. No estoy totalmente de acuerdo con el copago, pero estaría bien que los ciudadanos fuesen conscientes de lo que cuesta cada cosa. Habría que revisar cuánto paga por los medicamentos el trabajador activo, incluso el pasivo si dispone de rentas elevadas.
Habría que hacer una revisión del Vademecum. Los tratamientos de muchas patologías han cambiado y, sin embargo, no se ha revisado. También debería haber un tope por debajo del cual no pudiera estar ningún medicamento.
Si no, algunos van a desaparecer porque cuesta más caro el embalaje, el transporte y la dispensación que el medicamento en sí. Y si desaparecen porque no compensan, subirá el gasto porque se recetarán otros más caros.
P. Y ¿qué pueden hacer los farmacéuticos?
R. Tenemos que empezar a pensar que la farmacia ya no puede vivir exclusivamente del medicamento, que tendrá que generar otro tipo de ganancias sin perder la calidad del servicio. Algunos datos son tremendos. Sin ir más lejos, vendemos a pérdidas algunos fármacos. Según el Real Decreto 5/2000, los medicamentos que cuestan más de 140 euros tienen un margen fijo y decreciente. Y los medicamentos innovadores tienen precios cada vez más elevados. Además, se producen agujeros muy evidentes en las farmacias hospitalarias.
He tenido encima de mi mesa documentos que demuestran que algunos fármacos de uso hospitalario se compran a un precio considerablemente más elevado que en otros países europeos. Aunque en las farmacias comunitarias tenemos unos medicamentos muy baratos, en los hospitales no existen los mismos controles. Debemos ser capaces de analizar qué funciona y qué no en el conjunto de la Sanidad.
P. ¿Funciona el modelo de farmacia?
R. Sí, y de hecho Adefarma se ha volcado en su defensa.
Hemos estado tres años luchando por él en Bruselas y el Tribunal Europeo de Justicia nos ha dado la razón en dos sentencias. Se habla del modelo mediterráneo de farmacia, aunque a mí no me gusta esa expresión. Prefiero hablar del modelo español porque, tal y como está regulado, es el mejor. Pero ahora resulta que nuestro Gobierno y nuestras Comunidades Autónomas se lo están cargando. Existen dos formas de terminar con el modelo actual: la jurídica y la económica. Han optado por la económica y nos han hundido.
P. ¿Creéis que la gente es consciente de esta situación?
R. No, no lo es. El cartel que tengo en la fachada de mi farmacia es de una campaña de Adefarma y el Colegio de Farmacéuticos de Madrid. Queremos terminar con la idea de que los farmacéuticos somos ricos, pero también advertir a los ciudadanos de la pérdida de calidad en el servicio que van a suponer los recortes. No quiero llorar porque voy a ganar menos. Estamos inmersos en una fuerte crisis económica y todos tenemos que aportar nuestro grano de arena, pero queremos que la gente entienda que el modelo de farmacia español está en serio peligro.
P. Al fin y al cabo, las farmacias son un negocio, ¿no?
R. Efectivamente, la farmacia tiene dos vertientes, y no hay que descuidar ni una ni otra.
La parte sanitaria está ahí y ahí debe seguir. Nos formamos cuando estudiamos y debemos seguir formándonos constantemente. Pero también es necesaria una formación empresarial importante.
En Adefarma ofrecemos muchos cursos de gestión porque creemos que cada vez son más necesarios.
P. ¿Qué tipo de estrategias seguís para dar vida a vuestros negocios?
R. Ponemos en práctica muchas actuaciones en el campo de la dietética, la dermocosmética, el autocuidado de la salud. Si queremos que nuestro negocio funcione, tenemos que estar en condiciones de ofrecer a cada persona la información y el producto que nos pida. Por ejemplo, somos expertos en plantas medicinales porque nos hemos formado en esta cuestión. Es necesario tener mucho cuidado porque, en ocasiones, actúan como medicamentos, con sus propiedades, sus contraindicaciones, sus interacciones y sus efectos secundarios.
La gente tiende a pensar que lo natural es inocuo, pero también son naturales la cocaína o el arsénico. Debemos desterrar esa falsa idea de lo natural y empezar a hablar de productos concretos que son adecuados para personas concretas. Cuento esto para que se perciba que existen muchas opciones que podemos explorar. Otro ejemplo: aunque la dermocosmética no sólo se vende en farmacia, nosotros podemos ofrecer una información y un consejo mucho más completo que una gran superficie. En estos momentos, la dermocosmética es imbatible en términos de relación calidad-precio y podemos potenciarla más.
P. Tenemos más relación con nuestro farmacéutico que con nuestro médico.
R. Nuestra labor social y asistencial es increíble y podría serlo más. Esto no quiere decir que tratemos de sustituir a nadie, pero sí estamos en condiciones de detectar alergias, incompatibilidades, etc., que al médico podrían pasarle desapercibidas. Y muchísimas veces sospechamos que el cliente puede estar enfermo y lo enviamos al médico. Estamos infrautilizados.