El día que tomó posesión, Iñaki Echániz, con cierta grandilocuencia, pidió "ayuda a Dios" para su gestión. Cabe deducir que es agnóstico, porque la realidad es que lo que muchos sabios de la sanidad de Madrid intuían que sucedería cuando fue nombrado consejero, efectivamente ha pasado. Pero mucho antes de lo previsto.
La situación financiera de Castilla-La Mancha no es buena. Tampoco la de España. Pero parece que allí es especialmente difícil. De ahí que Cospedal haya metido la tijera a fondo. Las primeras perjudicadas han sido las farmacias, que no cobran las recetas del Sescam. Muchos dicen que no cobran ‘sus’ recetas, pero en realidad son las de todos, porque tenemos un SNS en el que las recetas de Castilla-La Mancha han de importarnos a todos.
Ignacio Echániz se ha quitado la careta ante un problema que rebasa su escasa capacidad de gestión. Ha faltado el respeto a las farmacias, ha tratado de dividirlas marginando a la empresarial, ha nombrado un equipo fotocopia del de Madrid, que tanta desilusión produjo, y no ha sido capaz de gestionar con mayúsculas. Cospedal y los consejeros de Presidencia y Hacienda han tenido que salir con la manguera para apagar el fuego. Y el PP regional, obviamente ‘sotto voce’, tiembla ante sus futuras propuestas.
La situación económica es dramática, pero Echániz la ha crado un problema político. No hace falta tiempo para saber cómo serán las cosas. Ya lo hemos visto. Y sospechamos que solo podrán empeorar…
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