Cuando un paciente acude a nuestra consulta y tiene una tensión arterial alta, enseguida le recomendamos que tome medidas tanto farmacológicas como no farmacológicas para controlarla. No suele suceder lo mismo con la frecuencia cardíaca. Fuera del campo de las arritmias, si el paciente tiene un ritmo cardíaco sinusal o normal, la frecuencia de su pulso no se ha interpretado tradicionalmente como un factor de riesgo cardiovascular.
Sin embargo, las cosas están cambiando. Los estudios epidemiológicos muestran consistentemente un peor pronóstico en aquellos individuos con frecuencias cardíacas más altas, aunque esto no indica una relación de causalidad en el campo de las cardiopatías y, en concreto, en la insuficiencia cardíaca y la cardiopatía isquémica. De lo que sí hay datos es del efecto mortífero de la alta frecuencia cardíaca y de cómo su control por debajo de 60 o 70 latidos por minuto se asocia a un mejor pronóstico.
¿Podemos considerar ya la frecuencia cardíaca como un factor de riesgo cardiovascular? Indudablemente, queda camino por recorrer, pero yo ya me preocupo cuando tengo a un paciente en ritmo sinusal de 90 latidos por minuto, de forma similar a si me dicen que tiene una tensión arterial de 170/80. Los estudios ya realizados y en marcha con un fármaco (ivabradina), cuyo único efecto cardíaco consiste en disminuir la frecuencia sinusal, seguro que arrojan mucha luz en esta cuestión próximamente.
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