La luz ultravioleta desactiva el SARS-COV-2 según estudio de Universidad de Boston y Signify

Lámpara de luz ultravioleta

La luz ultravioleta de tipo UV-C es efectiva para luchar contra el SARS-CoV-2, el coronavirus que ha desencadenado una epidemia y una emergencia sanitaria a nivel global. Esto se desprende de un estudio recientemente realizado por Signify en colaboración con la Universidad de Boston que arroja unos resultados muy esperanzadores.

¿Qué es la luz ultravioleta UVC?

Antes de continuar hablando de este estudio que ha demostrado la efectividad de las lámparas de radiación ultravioleta a la hora de acabar con las partículas de SARS-CoV-2 responsables de la propagación de la COVID-19, hay que saber en qué consiste la luz UVC.

La radiación ultravioleta es imperceptible para el ojo humano ya que su longitud de onda se ubica por debajo del umbral óptico. En concreto, posee entre 10 y 400 nanómetros y es emitida por el sol, aunque existen dispositivos artificiales capaces de conseguirla.

Sin embargo, no toda la luz ultravioleta es igual. Cuando su longitud de onda se ubica entre los 315-400 nm, la llamamos radiación ultravioleta de onda larga o rayos UVA. Esta es la principal responsable de motivar la producción de melanina en la piel y la que nos permite ganar bronceado. En cambio, cuando oscila entre los 280 y los 315 nm, recibe la denominación de radiación ultravioleta de onda media o rayos UVB. Por si no lo sabes, esta es la que nos provoca quemaduras en la piel y, en casos extremos, cáncer, ya que tiene la capacidad de alterar las estructuras genéticas de las células.

Por último, hay que hablar de los rayos UVC. Es conocida como radiación ultravioleta de onda corta (100-280 nm) y la empleada para eliminar las partículas de coronavirus. Es extremadamente potente ya que cuenta con una energía por fotón de entre 4,43 y 12,40 eV, lo que la hace muy nociva y perjudicial para el ser humano. Sin embargo, en condiciones normales, no tenemos que preocuparnos de ella ya que es retenida en su totalidad por la capa de ozono.

¿Cómo funciona la luz UVC sobre la COVID-19?

Antes decíamos que la radiación UVB tiene la capacidad de generar quemaduras en la piel tras pasar varias horas expuestos a ella. Además, podía modificar las estructuras de ADN de las células y provocar cáncer de piel. Eso sí, tras años de exposición acumulada. Sin embargo, los rayos UV-C son tan potentes que pueden conseguir esos perjudiciales efectos en cuestión de segundos. De hecho, son capaces de dejar a una persona ciega en menos de 1 minuto.

Evidentemente, esto hace que, para usar las lámparas de rayos UVC efectivas contra el SARS-CoV-2, sea necesario mantener una serie de precauciones. Pero lo cierto es que, al igual que son nocivos para el ser humano, también lo son para los hongos, bacterias y partículas de virus.

Por ejemplo, seguro que te suena haber visto que algunas empresas de desinfección que ofrecen unas cajas capaces de desinfectar móviles, carteras y otros pequeños objetos. Lo que emplean es, fundamentalmente, luz ultravioleta de tipo C. También es un sistema que lleva años usándose en los hospitales con el propósito de desinfectar los quirófanos.

La efectividad de la radiación UVC sobre la COVID-19, en cifras

El estudio desarrollado por Signify en colaboración con la Universidad de Boston tenía por objetivo probar la efectividad de la luz UV-C sobre las partículas de SARS-CoV-2. Para ello, usando unas muestras de laboratorio, probaron a someter al coronavirus a unas determinadas cargas de radiación de este tipo. Los resultados fueron tremendamente satisfactorios.

Por ejemplo, con la aplicación de 5 mJ de radiación UVC sobre una superficie de 1 cm2 durante 6 segundos, los investigadores certificaron la desactivación del 99 % de las partículas de coronavirus. Asimismo, elevando la dosis a 22mJ/cm2 y el tiempo de exposición a 25 segundos, los resultados de efectividad llegaban a ser del 99,9999 %.

Dicho esto, salta a la vista que la radiación UV-C a través de lámparas especiales puede ser muy útil para desinfectar los espacios y prevenir el contagio y la propagación de la COVID-19.

Matices sobre el uso de rayos UVC para la desinfección

Aunque la efectividad de esta radiación UV sobre el SARS-CoV-2 ha quedado patente, hay que hacer algunas aclaraciones. Por la elevada carga energética por fotón que poseen los rayos UVC, nunca pueden utilizarse sobre la piel humana. De hecho, ni siquiera debe haber ninguna persona ni animal dentro de la habitación o del espacio en el que se aplica.

Esto es especialmente reseñable ya que, hace algunos meses, hubo algunas autoridades políticas de relevancia que recomendaron el uso de la radiación UV-C para el tratamiento de la COVID-19. Un auténtico disparate que hasta la Organización Mundial de la Salud tuvo que desmentir.

Esto ha hecho, por ejemplo, que las lámparas de rayos UVC hayan sido incorporadas a los conductos de ventilación de los hogares y de los locales comerciales. Sin duda, se trata de un método ideal para desinfectar el aire y reducir ostensiblemente el riesgo de transmisión de la COVID-19 en aquellos lugares sujetos a sufrir aglomeración de usuarios.

Del mismo modo, puede emplearse también para depurar el agua sin que deje ningún rastro nocivo para el ser humano. El único requisito es que se trate de una superficie inanimada, es decir, un objeto.

Otro arma para luchar contra la pandemia

La pandemia originada por el SARS-CoV-2 nos ha recordado la importancia que tiene mantener una correcta higiene de manos y la desinfección plena de los espacios laborales y domésticos. Sin duda, se trata de la mejor manera de prevenir el contagio de la enfermedad.

Sin embargo, por las características intrínsecas del virus y su velocidad de contagio, es importante desarrollar y perfeccionar nuevos sistemas de probada efectividad, como es el caso de la radiación UV-C. Sin duda, los resultados de este estudio van a animar a muchas empresas a producir este tipo de lámparas que, usadas del modo correcto, pueden ser claves para vencer a la enfermedad.